He dejado atrás los pasos que marcaron huella en el polvo de
mi andar borrando el nudo me anclaba a amores fallecidos donde desnudé mi
escudo y mi capa entregándolo todo hasta calcinarme el sentir -quedando luego
en los crueles eximios del tiempo que nada perdona, estantes abarrotados de
almas solitarias-. Ya no me quema el fuego. No me moja la lluvia. Escuchar una
luna con su canto de sirena no me abate de melancolías. No me acurruco fetal en
un esquinero del piso estirando las manos al vacío para abrazar fantasmales
sombras. Las nubes que yacían en mis ojos no vierten sus salobres aguas
amargas. Navego en el velero del viento sin ancla ni brújula, en libertad
conmigo misma. ¡Bendita libertad!
Dora Elia.
5 de Octubre 2016.
EE.UU.
Derechos reservados de autor.

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