Estás en mis sandalias, polvorientas y viejas de correr
caminos vacíos de paisajes. Vives en mis pies, desajustados de tropiezos por el
mundo. ¿Y sabes? Sigues siendo mi religión -aun así- después de mucho tiempo de
no arrodillarme ante el altar de tus concupiscencias. Tú, el escapulario en mi
cuello al que rezo y me encomiendo en la desconocida distancia que me flagela.
Inherente arraigo de cuna y nido en la carne voraz y encendida de mis pechos. Mi
condenable pecado. Mi perdición. Y has sido mi cruz también. Yo tu arlequín
vibrante de gélidos inviernos donde me consumía envuelta en tus demonios. Yo
que comía sin dignidad tus juegos de palabras letra a letra y me bebí a
borbotones tus engaños como náufrago sediento y perdido en medio mar, ingiriendo
agua salada que agrietaba mis labios. Mas no te culpo… sino a mí misma, porque
el amor es ciego y sordo y desentendido y bruto y desequilibrado. Masoquista
por mi propio pie… Mea culpa amore, mea culpa.
Dora Elia.
3 de Noviembre 2016.
EE.UU.
Derechos reservados de autor.

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