I
Te vi desde la orilla de
la niña de mis ojos entre brotes cristalinos de nube fluyendo gota a gota y que
llegando a mis labios evocaban el mar… Cada una parecía ir arrancando un pedacito
de mi corazón. No sé si lo intuía o si era premonición adivinada.
II
Tomaste mi mentón con
ternura en ese juego de caricia tan tuyo. Fijaste tu pupila en la mía
firmemente. Me diste un beso -como aquellos preludios de cada obra de arte que
por tanto tiempo habíamos hecho-.
III
Tu voz se clavó en la más
remota neurona de mi alma… aquella sí, la más recóndita…a la que solo tú sabías
llegar, diciéndome -nos vemos pronto mi amor, te amo… Guárdate siempre para mí
que yo soy solo tuyo en este mundo, de nadie más-.
IV
Era el último adiós –aunque
ni tú ni yo lo suponíamos- y la vida iba tejiendo su telaraña vuelta a vuelta a
nuestras espaldas, en esa su caprichosa costumbre de tramar su voluntad infame.
V
‘Nos vemos pronto’ se ha
tornado una eterna carrera contra el tiempo… y mi piel se avejenta, se arruga y
va pereciendo cada día. Y yo, aún espero nuestro reencuentro en el más allá...
Guárdate solo para mí. Espérame un poco…solo otro poco amor.
Dora Elia.
24 de Junio 2016.
EE.UU.
Derechos reservados de
autor.

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