Ángel mío tan de mí.
Tan señor de mis sueños…
En mi inconsciencia apareces
cuando menos lo supongo.
Cuando más te necesito…
arrebatando de una vez
la cordura me queda
-como si adivinaras de ti
muero-.
Y me veo anegada
de un sentir desaliñado…
que se recarga impune
en todos mis espacios
-tan llenos de ti-
robándome la paz.
Y me asfixia el añoro.
Y esta tóxica adicción
que por mis venas corre
sutil y desbocada...
y la fantasía que no cesa.
Tú y yo estamos unidos
por un cordón umbilical…
por un hilo incandescente
que nos hierve hasta la médula.
No pares.
No te detengas, no.
Ven a mí cada noche
a inundar mis sábanas
e impregnarlas de tu perfume.
Te esperan mis lunas.
Te esperan mis flores
y jardines
mis aromas
y mis esencias.
Te esperan mis tormentos
tan atormentados
-lentos y sinuosos-
a que los desates y eches
a volar…
y mis locas ansias de
amarte.
Te espero sin límites.
Ven ya mismo...
Te espero entre mi voz.
Entre mi aliento que sabe
a ti
Te espero…
para inhalarme tu cuerpo.
Dora Elia.
12 de Junio 2016.
EE.UU.
Derechos reservados de
autor.

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