Me hundo en el vaivén de tus pestañas como
remojado barquillo de papel y me es muy claro ahora las inoculaciones no
ayudaron a evitarme el embate del virus de tus besos… y esta piel que a diario
se reviste de tu desvestir y tú que te columpias deslizándote en los márgenes
nucleares de este mi pequeño mundo, que gira, gira y gira aprisionado a tu
alrededor, palomilla encandilada yo queriendo llenar de polen tu cuerpo.
Dijéramos que en el latido de un abrir y cerrar de ojos me vuelvo nube y te
levanto llevándote montado sobre mí, o me vuelvo rayo de luz y te ilumino hasta
los mismos portales del sol y del tiempo convirtiéndote en el oráculo sagrado
de mis células, dijéramos que en un arranque desesperado me convierto en lluvia
leve para caer en ti y besarte de cabeza a pies. Dijéramos, sí…podríamos decir
tantas cosas, pero digamos simplemente, que en este rincón del universo, por
ser el espejo de tus ojos yo me estoy muriendo.

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