Soy ese andrajo que alimenta las espinas
dolientes, el desdibujar de fracciones de fe a contraluz, un péndulo calcinado
por el tiempo moviéndose a rastras implorando clemencia, punta de dolor que se
arbitra y no sabe hacer nada con su exprimida humanidad. Esperanza que se
diluyó al otro lado de esquinados umbrales sin puertas, soy esa noche sin
estrellas ni pizca de luna que va cayendo en plomo líquido a la hora de mi
sueño, impaciente gotera que fluye en mi sangre en recio vendaval, soy un mar
en seco pidiendo los sobrantes de lluvia de las nubes. Cadavéricas y frías mis
manos se extienden a lo alto en busca de respuestas. No las hay, no existen.

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