De que suspiras alma si el árbol derramó
sus hojas una a una bebiéndolas el suelo a convertirlas con el paso de los días
en disecadas migajas… en el visitar de la lluvia las convirtió una pasta sin
forma, sin verde, ni figura -nada en que pueda transformarlas el alfarero o
escultor- ellas, anhelantes aun, se pegan en zapatos transeúntes buscando ir al
calorcito de una casa… triste realidad quedarse en estupor, estáticas en el
tapete de la entrada, sin importarle la suerte que corrieron ni a su propio
árbol, aquel que las trajo al mundo a darles vida.
Y ya que importa alma mía si ya no importa
nada. Qué más da, si la nieve cae en torrentes de copos sobre mi cabeza,
pintando de blanco mis cabellos, lenta, gradual, cruelmente, congelándolo todo,
si los dientes le prohíben a los labios esbozar una sonrisa por miedo a tiritar
de frío, si las primaveras se fueron marchando en fila como siguen los pollitos
su mama gallina, furtivas primaveras que se fueron a esconder al otro lado
guardándose invisibles, dejando solo por testigos en papel fotografía sus
huellas, fotos cuando rebosaban de tersura los pétalos de las flores antes de
caer al suelo sin forma, perfume, ni figura.

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