domingo, 1 de abril de 2018

DE AROMAS ETERNOS.

Estoy aquí
en la punta del mundo.
A dos pasos de las manecillas
que me miran de reojo
y el abismo que me grita.

Déjame que le escriba
un poema a su piel
tan lejana como el firmamento.
Su piel de aromas a clavo
canela
nuez moscada
y otras especias.

Su piel fragante de laurel
yerbabuena
albahaca
tomillo
y otras yerbas de olor
que me daba a beber a sorbos.

Y estoy aquí pero no estoy.
Me he ido
persiguiendo mi propia sombra.
Su sombra está
pero ya no está tampoco…
también se fue.
Y sus huellas quedan pero no.
Las van desapareciendo
el sol y el viento.
  
Detenía mis hombros
aferrándose firmemente
a mi mano.
Aquella tarde sombría me dijo
¡no te vayas
no me dejes
ya me siento desgarrado!

Hundí profundamente
mi pupila en la suya
como navaja de dos filos
y le dije
–ni contigo ni sin ti…
mejor marcharme-.

Giré media vuelta
gritando a mi corazón
en callado silencio
–me marcho,
nos marchamos alma mía  
es lo mejor…
no detengamos el paso-
y sentí en mi nuca
el dolor de su mirada.

Aquel hombre
de piel de aromas eternos
no vio mis ojos anegados…
también ahogué el sollozo.

Y estoy aquí
a la orilla del mundo
a dos pasos del reloj
y del abismo.  
No lo sabe
no lo supo
nunca lo sabrá.   

Vamos
déjame que le escriba
en un cirio un poema…
el último
postrero
y final,
colgando en una lágrima
de ultratumba.
Vamos,
un poema,
¡mi réquiem de amor!

Dora Elia.
1 de Abril 2018.
EE.UU.
Derechos de autor.

Imagen de la red.





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