domingo, 2 de diciembre de 2018

LA VIDA Y LA MUERTE

Llegó la vida una cierta ocasión a una fuente;
Iba cansada de caminar… el trayecto ése día 
le había resultado particularmente pesado. 

Se sentó a la orilla hacia donde le llegara
ése fino rocío que refresca la piel cuando 
las partículas de agua se prostituyen 
del resto del chorro siguiendo al viento.

Cavilaba pensativa queriendo trazarse
un nuevo plan, pues por ahora, parecía
ir en rumbo opuesto, en contra-corriente.

Observó de pronto sus cansados pies,
decidió quitarse las señales de ése camino
pedregoso y seco que acababa de recorrer.

Estaba apenas disfrutando la frescura
del agua… dejó escapar de su pecho un 
suspiro al sentir el bálsamo de alivio,
cuando alguien tocó fastidiosamente su hombro

Volteo despacio para ver… ¡cual fue su sorpresa!
¡Era la misma muerte! Venia, en su forma necia 
y displicente, con ganas de azuzar
Le dijo: 
Te veo mal ¿estás agobiada? 
¿Ya no puedes con la carga verdad?
Yo que tú me daba por vencida y aventaba la toalla
Solamente di la palabra y me cargo de una vez
a todo mundo, no tendrás mas que batallar

La vida le dijo en tono noble, tranquila y razonable
-¿A qué vienes? ¡Nadie te ha llamado!
¡No vengas a ofrecerme tu ayuda!
La verdad, 
¿Te has visto en el reflejo de los ojos
de alguien que te decidiste llevar?
¿Sabes que tú si te ves mal? 
¡Mírate en mis ojos ahora, te los presto de espejo!
¡Eres un montón de huesos astillados,
secos, tristes, malolientes y descoloridos!
Además, 
Sabes, tu popularidad está por los suelos…
no te quieren, te rehúyen, te detestan ¡admítelo!

-A mí en cambio me aman… 
puedo a veces cansarme,
o andar por caminos polvorientos y secos,
o me desvío un poco del sendero
para refrescarme en una fuente,
pero vuelvo a andar por campos fértiles
y vergeles aromáticos y floridos.

-Yo que tú, me iba ahora mismo a esconder
mis tristes huesos al averno
¡Si, ahí mismo, de donde has venido!






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