¡Me olvidé de vivir!
De detenerme un día cualquiera en
cualquier sendero de la vida para aspirar
el aroma de las flores en algún jardín.
O más aún, de cortar una sencilla flor
silvestre a lo largo de la vera en mi
camino y adornar con ella mi pelo.
Me olvidé un día cualquiera de
pararme bajo la lluvia y bailar
conmigo misma, dejándola que me
mojara, que con su lengua lamiera
mi piel sedienta de humedad.
¡Me olvidé de sentir!
De permitirme una noche cualquiera
ser inundada de caricias y besos…
Ser bañada con el fuego de una respiración
en brioso galope que incendiara
mis venas ya aletargadas y dormidas.
Un día cualquiera me olvidé de darle
otra oportunidad a la ilusión…
De querer meterme como cualquier
incauta en el torbellino de las emociones,
por temor a ser arrastrada como
cualquier frágil caracola
hasta las profundidades del mar.
De detenerme un día cualquiera en
cualquier sendero de la vida para aspirar
el aroma de las flores en algún jardín.
O más aún, de cortar una sencilla flor
silvestre a lo largo de la vera en mi
camino y adornar con ella mi pelo.
Me olvidé un día cualquiera de
pararme bajo la lluvia y bailar
conmigo misma, dejándola que me
mojara, que con su lengua lamiera
mi piel sedienta de humedad.
¡Me olvidé de sentir!
De permitirme una noche cualquiera
ser inundada de caricias y besos…
Ser bañada con el fuego de una respiración
en brioso galope que incendiara
mis venas ya aletargadas y dormidas.
Un día cualquiera me olvidé de darle
otra oportunidad a la ilusión…
De querer meterme como cualquier
incauta en el torbellino de las emociones,
por temor a ser arrastrada como
cualquier frágil caracola
hasta las profundidades del mar.


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