En las incongruencias bajo el sol,
la vorágine del abismo donde sonámbulas
caminan las paradojas,
arreboles sin color,
lámparas sin bombillos
que no iluminan ni sus propios esqueletos
y que pretenden irradiar luz.
Ladridos de perros sin voz,
pocilgas en la tierra donde moran las hormigas
y comejenes ya gordos
habiéndose cenado la casa del vecino,
que atónito los ves con toda su familia
entonando una canción
blandiendo aún el palillo entre los dientes
equipaje en mano,
la mira puesta a mudarse en la tuya.
Y el calzado de los vivientes del mundo
haciéndole el amor al suelo en coloquiales caricias
de aquí allá
con rumbo fijo pero sin rumbo alguno
zombis de la vida hasta sucumbir a los gusanos.
la vorágine del abismo donde sonámbulas
caminan las paradojas,
arreboles sin color,
lámparas sin bombillos
que no iluminan ni sus propios esqueletos
y que pretenden irradiar luz.
Ladridos de perros sin voz,
pocilgas en la tierra donde moran las hormigas
y comejenes ya gordos
habiéndose cenado la casa del vecino,
que atónito los ves con toda su familia
entonando una canción
blandiendo aún el palillo entre los dientes
equipaje en mano,
la mira puesta a mudarse en la tuya.
Y el calzado de los vivientes del mundo
haciéndole el amor al suelo en coloquiales caricias
de aquí allá
con rumbo fijo pero sin rumbo alguno
zombis de la vida hasta sucumbir a los gusanos.


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