Aquí estoy,
con los brazos al cielo
como un desfallecido
navegante a la deriva
que se encuentra
exhausto y sin rumbo
pidiendo salvación.
Las embravecidas
olas golpean mi rostro
con crudas bofetadas
como si quisieran
escupir contra mí
algún antiguo encono.
Veo cerniéndose sigilosa
la oscuridad en el horizonte,
tiemblan mis huesos
como cruje la madera.
Y llega la bendita noche
que ha calmado la tempestad
como adivinando mis ansias,
paz,
silencio,
estrellas,
ya no grita de miedo mi barca.
Un lucero en mi extravío
de pronto me dijo
descansa,
no te angusties,
velaré tu sueño,
el mar tiene orden
de llevarte a tierra.
con los brazos al cielo
como un desfallecido
navegante a la deriva
que se encuentra
exhausto y sin rumbo
pidiendo salvación.
Las embravecidas
olas golpean mi rostro
con crudas bofetadas
como si quisieran
escupir contra mí
algún antiguo encono.
Veo cerniéndose sigilosa
la oscuridad en el horizonte,
tiemblan mis huesos
como cruje la madera.
Y llega la bendita noche
que ha calmado la tempestad
como adivinando mis ansias,
paz,
silencio,
estrellas,
ya no grita de miedo mi barca.
Un lucero en mi extravío
de pronto me dijo
descansa,
no te angusties,
velaré tu sueño,
el mar tiene orden
de llevarte a tierra.


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