miércoles, 5 de diciembre de 2018

NAVEGANTE A LA DERIVA

Aquí estoy,
con los brazos al cielo 
como un desfallecido
navegante a la deriva
que se encuentra 
exhausto y sin rumbo
pidiendo salvación.

Las embravecidas
olas golpean mi rostro
con crudas bofetadas 
como si quisieran
escupir contra mí 
algún antiguo encono.

Veo cerniéndose sigilosa 
la oscuridad en el horizonte,
tiemblan mis huesos 
como cruje la madera.

Y llega la bendita noche
que ha calmado la tempestad 
como adivinando mis ansias,
paz,
silencio,
estrellas,
ya no grita de miedo mi barca.

Un lucero en mi extravío 
de pronto me dijo 
descansa,
no te angusties,
velaré tu sueño,
el mar tiene orden
de llevarte a tierra.






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